martes, 17 de junio de 2014

Hoy, han encontrado mi pequeña botella, que deparará mi futuro...

Hace dos años y medio, escribí las siguientes líneas, ante un hecho importante de una persona importante para mí. 

En el Apéndice B, páginas 242-244 del libro "Las Trampas de la Integración" aparece una bitácora llamada "Mensaje en una pequeña botella" en la que describo mí sentir, mi pasión, mí visión - en definitiva mis sueños profesionales - que espero algún día hacer realidad, que me produjo y provocó la lectura de aquella pequeña carta de navegación, de aventura, de aprendizaje, de travesía, de conocimiento - recomendable para todo tipo de tripulantes de una nave TIC - que el autor -Óscar Corbelli - me concedió para que le echara un vistazo, un año atrás.

"Me encuentro en la isla Reflexión situada en la parte central del Archipiélago de la Estrategia, cuya posición relativa hace que se visione con precisión el resto de las islas y los movimientos de las diferentes flotas que surcan sus mares.

Provengo de una familia afincada en el interior, trabajadora del campo, pero mi gran ilusión desde edad temprana a raíz de la lectura de ciertos libros es la mar, surcar los océanos, en busca de aventuras cuya creatividad e imaginación se empezaron a discernir desde mi niñez.

Desde mi edad adolescente emprendí mi camino, para acercarme hacia mi sueño desplazándome a una ciudad portuaria, en busca de aprender las lides de la mar para poder enrolarme en un gran bajel y cumplir mis sueños.

Durante años realicé todo tipo de trabajos, para ganarme la vida, limpiando cubiertas, zurciendo velas, aprovisionando barcos, para obtener un dinero suficiente para poder entrar en una escuela de navegación y así poderme hacerme a la aventura.

Mi infortunio aunque trabajaba de sol a sol, hizo que no me acercara a la cantidad suficiente, y mi pasión e ilusión para embarcarme se iba marchitando hasta que, cierto día, conocí a un personaje mezcla rara de sabio y silencioso alquimista, disfrazado de buhonero, que provenía de la isla Albiceleste, al otro lado del océano, que me enmarcó en las enseñanzas necesarias de los marcos de las buenas prácticas y de otras naves metodológicas.

Le llamaban Pita, aventurero y conocedor de los mares, de los vientos, de tripulaciones, de barcos, de navegación, de mil batallas, accedió a traspasarme sus conocimientos con la promesa de que, una vez aprendido, me embarcaría para recorrer cada rincón del archipiélago y que transmitiera dichas enseñanzas a otra persona que me encontrara con la misma ilusión con la que yo había llegado a su persona. Hecho que prometí con lo más profundo de mí ser.

Me describió aquello que no aparecía en los libros y en las escuelas, aquellos conceptos que debían interiorizarse desde el interior, el cómo visualizar primero y crear después las cartas de navegación, inferir e investigar la forma de comportarse de la mar para, confiando en dicho aprendizaje con honestidad, humildad e integridad, pudiera emprender el viaje a través de las tres grandes islas del Archipiélago de la Estrategia y llegar a mi destino profesional.

Me ilustró en cada tipo de flota, del tipo de tripulantes, de su comportamiento; me previno de las malas artes y de tener un fin en mente, siguiendo mis principios y valores y con mi gran fortaleza de aprendizaje de doble entrada, transmitiera del mismo modo a cualquiera que me lo pidiera.

Acabada la enseñanza teórica llegó el día de separarme de mi mentor y poner en la práctica todo aquello que, con paciencia y tino, me había trasladado. Lo último que hizo fue costearme un pasaje en una nave TIC.

Conocí de buena mano de su arte como comportarme con la flota enemiga y con la de mercenarios. Fui pasando de isla a isla tal y como me había transcrito, justificando desde dentro hacia fuera. Y entendí por primera vez la razón por la cual se convirtió en buhonero. Comprendi de primera mano la burocracia, las malas prácticas, las lides de la piratería, el sentir de los mercenarios, por lo que, mi ilusión y formas que desde muy pequeño había generado un magnífico paradigma, parecía que poco a poco, se iba perdiendo. 

Dicha falta de identidad, me hizo decidir, con mis pequeños ahorros comprar una pequeña embarcación y volver a discernir, con la calma, el sosiego y la contemplación del mar, mi nuevo destino.

La fortuna, me deparó llegar a la Isla Reflexión, en la que actualmente resido. En la cual, he recapacitado y he comprendido todo lo que tengo y todo lo que sé, sin embargo, tengo una gran herida que me hace mella en lo más profundo de mi ser: no haber disfrutado en la mar, con una nave TIC que fuera capitaneada con una persona con liderazgo, que con cultura, principios y valores, me hiciera dar toda mi valía y potencial en pro de la nave, de mis compañeros y de la organización.

Si tuviera enfrente a mi gran amigo Pita, él con su ingenio y única persona que sí ha sabido sacar lo mejor de mí, me aconsejaría que camino debiera tomar. La cuestión es que dicha nave anhelada no se bifurca en mi horizonte, en cambio no dejan de acecharme la de mercenarios y gente sin escrúpulos y falsos proveedores y viajes a ninguna parte.

Por ello, dejo este mensaje en mi última botella, esperando que algún capitán con dichos criterios, crea en mí, y le pueda demostrar en su andadura todo lo que se y soy capaz de dar y realizar. Mientras tanto, seguiré intentando seguir descubriendo mi yo interior, seguir aprendiendo cada día e idealizar aunque parezca de manera utópica y lejana, como sería poder capitanear un viaje, en dicho futuro incierto, por el conjunto de las islas y poder cumplir y alcanzar mi sueño.

Qué el azar y la marea, mi pasión lleve dicho mensaje hacia el mejor puerto. De un ser humano que aprendiendo de otro ser humano experto en buenas prácticas y otras metodologías intenta, aparte de ser mejor persona, convertirse en un auténtico profesional."

Es una gran satisfacción que el autor haya tenido a bien, publicar mis sensaciones, mis pensamientos y, únicamente espero que haya sido de su agrado, lo que transcribí en dicha pequeña historia, en este sentido mensaje lanzado a la inmensidad de la mar en una pequeña botella.


Hoy, han encontrado mi pequeña botella, que deparará mi futuro... 


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